Tips ortográficos.
Después de OL, se escribe V.
polvo / olvido / volver /
disolver
resolver / olvidado /
envolver solventar
/ solvencia
polvareda / inolvidable
El diccionario
Un diccionario es cierto tipo
de libro de consulta, en el que se
brinda ayuda respecto al idioma: el significado de las palabras.
No se sabe a ciencia cierta cuándo
se inventaron los diccionarios, pero hay razones para creer que el primero surgió en la Antigua Mesopotamia,
alrededor del año 2.300 a. C., como parte de la famosa Biblioteca de Asurbanipal. Se
trata de un conjunto de textos cuneiformes que explican el sentido de ciertas
palabras.
Posteriormente, en la Antigua Grecia del siglo IV a. C.,sin
embargo, la palabra diccionario
nació en 1220 con un libro de ayuda para la dicción latina compuesto
por el inglés John de Garland y pronto pasó a reemplazar al término empleado
hasta entonces: glosario. Lo curioso es que este tipo de obras medievales,
generalmente bilingües (latín y alguna lengua vulgar), no eran propiamente un
diccionario, al menos como lo entendemos hoy, pero son los antecesores directos
de este tipo de libros.
Son frecuentes en las instituciones académicas y escolares, así
como en el aprendizaje de nuevos idiomas, y como herramienta típica en
el oficio de profesionales como escritores, periodistas y abogados, por
ejemplo.
Partes de un diccionario
Los diccionarios, si
bien pueden tener contenidos muy diversos, generalmente constan de los
siguientes elementos:
·
Apartado. Una sección del
diccionario, compuesta por un conjunto de artículos que presentan un tema o
letra en común.
·
Artículo. Cada una de las
respectivas divisiones del contenido de un diccionario, es decir, sus unidades
mínimas funcionales.
·
Entrada. Escrita en negritas al
inicio de cada artículo, contiene una pieza léxica (o sea, una palabra o
término) cuya explicación sigue a lo largo del artículo.
·
Pronunciación. Usualmente escrita en lenguaje fonético internacional, reproduce los
sonidos necesarios para pronunciar la entrada correctamente.
·
Etimología. En algunos casos aparece luego de la
entrada, entre paréntesis y en cursivas, explicando muy brevemente el origen
histórico del término.
·
Definición. El grueso del artículo, en el que
se explica el sentido del término buscado o se brinda la información que el lector busca, sea la
que sea.
·
Prefacio e indicaciones sobre su uso. Usualmente ubicados al inicio del
libro, brindan información relevante sobre su modo de empleo, su composición,
etc.
· Anexos. Muchos diccionarios suelen finalizar
con apartados especialmente dedicados a recopilar información suplementaria,
como conjugaciones, glosarios especializados, etcétera.
¿Cómo se usa un diccionario?
Los diccionarios son
libros de consulta rápida, es decir, que no se leen de principio a fin, ni de
manera continua, sino que se los
abre para ir directamente a resolver una duda, hallar una definición o
lo que sea que estemos buscando en el momento. Por eso, a pesar de ser libros
voluminosos en general, no solemos dedicarles más que unos minutos por vez.
Los diccionarios están organizados alfabéticamente en
su totalidad, de modo que para buscar una entrada debemos orientarnos a través
de las marcas que nos ofrecerá en la parte superior de la página, o bien del
propio índice del libro, para buscar la letra correspondiente y, dentro de
dicho apartado, la entrada que nos interesa.
Una vez hallada y leído
lo que el diccionario tiene para decir, podemos dar por resuelta la duda y
cerrar el libro, o acaso realizar una nueva búsqueda tantas veces como sea
necesario.
Tipos de diccionarios
Los diccionarios pueden ser de
muchos tipos distintos, cada uno de los cuales posee un uso específico dentro
del lenguaje, y nos brinda un cierto tipo de información especializada y puntual. Los principales tipos de diccionarios son:
·
Diccionarios de la lengua. Son diccionarios
monolingües que abordan un idioma en general, describiendo el sentido y
significado de sus palabras, y junto con valiosa información gramatical. Pueden clasificarse en:
·
Normativos. Son aquellos que reúnen
el uso “correcto” de la lengua, es decir, que se rigen por la norma culta. Tal
es el caso del Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, por
ejemplo.
·
De uso práctico. En lugar de regirse
por la norma culta del idioma, estos son diccionarios que enfrentan la lengua
desde el punto de vista de su uso, es decir, desde un punto de vista más
práctico. Es el caso, por ejemplo, del Diccionario de Uso del Español (DUE) de
María Moliner.
·
De dudas. En este caso, se trata
de diccionarios que buscan atajar y resolver las posibles dudas respecto al uso
del idioma, sus variaciones y complejidades, tanto para hablantes nativos como
extranjeros. Un ejemplo es el Diccionario Panhispánico de Dudas de la Real
Academia Española
·
De sinónimos y antonimos. Como su nombre lo indica, contienen
en lugar de definiciones de las palabras (o además de ellas), un conjunto de
sinónimos y antónimos posibles.
·
Diccionarios bilingües. Son libros que sirven de intermediario
entre dos idiomas, estableciendo correspondencias entre los mismos términos en
un idioma y en otro, de manera que pueda usarse para acompañar la traducción o
el habla por parte de extranjeros de
cualquiera de los dos idiomas. Por
ejemplo, un Diccionario inglés-español/español-inglés.
·
Diccionarios etimológicos. En este caso, las entradas del
diccionario no ofrecen necesariamente una definición, sino una historia del término: de dónde viene, cuáles son sentidos
originales y cambios históricos, y cómo llegó a ser la palabra que usamos hoy.
El diccionario de este tipo más célebre del español es el Tesoro de la
lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias y
Orozco.
·
Diccionarios especializados. Se trata de diccionarios
con un altísimo nivel de especialización, es decir, para un público con
conocimientos técnicos o académicos. Si bien siguen siendo diccionarios
monolingües, su contenido está orientado no al común del hablante de la lengua,
sino a quienes aprenden o practican un área específica del saber. Por ejemplo:
un diccionario de términos médicos, o un diccionario de términos informáticos.
· Diccionarios enciclopédicos. Al ser un cruce de diccionario y enciclopedia, estos diccionarios ofrecen al lector mucho más que una breve definición de la palabra, incluyendo el contexto histórico, científico, práctico y cultural asociado al término. O sea, en cada entrada se ofrece un conjunto de saberes divulgativos (o técnicos, en caso de un diccionario enciclopédico especializado), que trascienden lo estrictamente lingüístico.
Tips ortográfico.
A sí mismo
Hace referencia a su propia persona
Así mismo
De la misma manera a forma
asimismo
Además o también
El cuento
Un cuento es un tipo de narración generalmente breve, basada en hechos reales o ficticios, en la cual un
grupo de personajes desarrollan
una trama relativamente
sencilla. En el ámbito literario es uno de los subgéneros de la narrativa,
ampliamente cultivado por escritores de muy distintas tradiciones.
También existen cuentos populares, transmitidos oralmente o que pertenecen al
acervo de la cultura informal.
El cuento es un género moderno. Su nombre proviene del latín computus,
“cálculo”, ya que se trata, en el fondo, de enumerar los acontecimientos que
componen la trama, que pueden ser contraponerse
a las de las novelas por su extensión. A lo largo de la historia,
muchos autores han hecho del cuento su género predilecto, y lo han cultivado
obteniendo así verdaderas obras de arte. Entre ellos destacan: Edgar Allan Poe (1809-1849),
Guy de Maupassant (1850-1893), Jorge Luis Borges (1899-1986), José Rafael Pombo Rebolledo (1833-1912), Gabriel
García Márquez (1927- 2014), Porfirio Barba Jacob (1883-1942) y muchos otros.
Características
del cuento
v
En
líneas generales, un cuento se caracteriza por lo siguiente:
v
Se
trata de una narración breve, cerrada en sí misma, que relata una serie relativamente sencilla de
hechos desde su inicio hasta su fin.
v
Procura narrar de manera más o menos directa, sin tantas dilaciones, Un cuento debería poder
leerse de principio a fin, en una sola sentada.
v
Posee una única línea argumental, en la que convergen uno o más personajes, El número
de personajes en un cuento es variable.
v
Posee una unidad de efecto, esto quiere decir que a través de su lectura se
busca generar un efecto estético, reflexivo o emocional.
v
Se encuentra escrito en prosa, y posee siempre un narrador (o en ocasiones
puntuales, más de uno) a través de cuya voz se narran los sucesos de la trama.
Dicho narrador puede formar o no parte de los personajes del relato, y puede
hablar en primera (yo) o tercera (él/ella/ellos) personas.
Tipos
de cuentos
Existen muchas formas
de clasificación del cuento, atendiendo a criterios diversos. Por ejemplo, si
tomamos en cuenta su extensión, podemos diferenciar entre un cuento breve (10 páginas o menos)
y un cuento largo (más
de 10 páginas), a pesar de que dichas extensiones son, al final, subjetivas.
También existe el microrrelato o minicuento, cuya extensión no suele ir más
allá de una página, a veces ni un párrafo.
Ø
Cuentos de hadas. Generalmente destinados a un público infantil, se desarrollan en un
mundo fantástico fácilmente diferenciable entre el bien y el mal, y suelen
contener algún tipo de moraleja o efecto final, que los aproxima a la fábula.
Ø
Cuentos
fantásticos. En los que se representa un mundo ficcional muy
alejado del mundo real, con leyes propias que permiten la existencia de criaturas
mágicas, poderes sobrenaturales, etc.
Ø
Cuentos realistas. Que se desarrollan en un mundo semejante al real, manejándose con las
mismas reglas de verosimilitud o de credibilidad.
Ø
Cuentos de terror. Cuyas tramas giran en torno a lo sobrenatural o a situaciones diseñadas
para despertar el miedo o la angustia en el lector.
Ø
Cuentos de ciencia
ficción. Que se ambientan en futuros cercanos o distantes,
utópicos o distópicos, o bien en mundos paralelos, en los que la ciencia y la
tecnología son distintos a los reales y permiten la exploración de situaciones
inéditas.
Ø
Cuentos
policiales. También llamados
detectivescos, suelen tener como eje narrativo un crimen cometido (generalmente
un asesinato) y un detective o investigador encargado de resolverlo.
Ø
Cuentos satíricos o cómicos. Aquellos diseñados para mover a la risa a sus
lectores, a través de situaciones disparatadas, graciosas o ridículas.
Ø Cuentos eróticos. Finalmente, aquellos que abordan temáticas románticas o íntimas, especialmente vinculadas con la sexualidad.
Partes
del cuento
Un cuento posee, a
partir de la lógica aristotélica, tres partes distinguibles, que son:
ü
Inicio. En el que se despliega el mundo ficcional y se
presentan los personajes, inmersos ya en la trama narrativa. Idealmente, es la
etapa en la que deberíamos conocer qué cosas quieren los personajes
protagonistas.
ü
Complicación. Etapa
intermedia en la que la trama se hace más densa, compleja o intrincada. Aquí es
donde suelen surgir los elementos que imposibilitan a los personajes la
satisfacción de sus deseos.
ü Desenlace. El cierre del cuento, en el que la anécdota llega a su fin. Aquí solemos enterarnos de si los personajes obtuvieron o no lo que deseaban, y por qué.
Elementos del cuento
En la mayoría de los cuentos hallaremos los siguientes elementos:
·
Un narrador. Que
es quien relata la historia, sea o no parte de ella, y que refiere los hechos a
partir de una posición objetiva o subjetiva, dependiendo de si se trata de un
narrador testigo, narrador protagonista o narrador omnisciente (que todo lo ve y todo lo sabe).
·
Unos personajes. Que son las entidades ficticias a las que les ocurre
la trama. Pueden ser muchos y de muy distinto tipo, pero siempre hay alguno
central al relato (protagonista) que incluso puede ser quien lo cuente
(narrador-protagonista). También puede haber personajes que se opongan al
protagonista y que intenten impedirle lo que quiere (antagonistas) o
simplemente que lo acompañan durante su recorrido (personajes secundarios).
· Un tiempo. Que son dos realmente: el tiempo real que toma leer el relato y el tiempo ficcional, el que transcurre dentro del relato y que puede abarcar minutos, meses, años o siglos.
Unos lugares. Que no son más que las ubicaciones o locaciones en las que tienen lugar los hechos narrados, y que pueden estar más o menos descritos en el cuento.
·
Una trama. Que es la sumatoria de los vericuetos y los
acontecimientos que les ocurren a los personajes, organizados de manera tal que
se sucedan lógicamente en el tiempo, ya sea de un modo lineal, o no.
Diferencia
entre cuento y leyenda
Generalmente se
distingue un cuento de una leyenda por su origen: los cuentos son piezas
artísticas que poseen un autor determinado, mientras que las leyendas provienen del folklore o de la tradición popular y por ende, no tienen un autor único, sino que
son propiedad de un pueblo o una nación entera. Así, suele hablarse de las
leyendas latinoamericanas, alemanas o chinas. Además, los cuentos poseen una
aspiración estética, o sea, pertenecen a la literatura y como tal son piezas
artísticas. En cambio, las leyendas reflejan el sentir y la cultura de
una localidad.
Ejemplos
de cuento corto
Tips ortográfico.
Ay: exclamacion Ahí: lugar Hay:haber |
Por qué?: pregunta Porque: respuesta
|
Has: haber Haz: haber |
Hecho: hacer Echo: echar |
Cayó: caer Calló: callar |
Vez: ocasión Ves: ver |
TOMADO DE: «Testamento del Paisa», Agustín Jaramillo Londoño.
Es de noche. Afuera sopla un viento frío que en las ramas de los
eucaliptos y los pinos se mueve musical y perfumado. Junto al fogón de la
casita campesina el grupo familiar inicia la charla de sobremesa. —Mañana me
tenés que curar la gallina carmelita que tiene pipa. Chisporrotea un trozo de
leña y un puñado de ceniza se desmorona. La escasa luz de una vela alumbra la
estancia y proyecta en las paredes encaladas sombras gigantescas, temblorosas.
—¿Estaban buenos los frisoles, m’hijo? El viejo responde con un gruñido de
afirmación y se levanta para encender un tabaco en las brasas. Luego vuelve a
sentarse en su taburete de cuero que recuesta contra la pared. —Váyasen a
acostar, muchachos, que estas no son horas de andar por ahí levantaos... Los
tres hermanos grandes, hombres casi, no se sienten aludidos y continúan
acurrucados en el suelo, envueltos en sus ruanas. Los cuatro menores, unos
niños, se levantan perezosamente, las caritas coloradas por el calor del hogar
y por el sueño, piden la bendición para irse a dormir. —¡Que la Virgen los
acompañe! Ya salen, cuando un relámpago los detiene. Enseguida se oye el canto
agorero del currucutú. —Oigan —dice uno de los grandes—, el currucao. —¿Ya
cantó ese maldito? —añade el segundo. —¡Jm! ¡A mal agüero que es ese! —tercia
el otro. —¡Pasito! ¡Pasito! —dice de pronto la madre y se queda inmóvil,
contenida la respiración escuchando... —¿Qué fue? —¿No oyeron nada? —El
currucao. —Y... ¿después? —No... nada. —¡Eh! Usted sí qu’es miedosa, mamá! Ella
insiste: —¿No oyeron como... com’una risita? —Alguna bruja... El menor de los
niños se arrima al padre y disimuladamente se aferra a la ruana. Los otros se
recuestan en las rodillas de la madre. Los grandes comienzan a hablar: —Al que
estuvo molestando una bruja el otro día fue a Marcos, el de La Llanada.
—¿Sí?
—¡Oiga! Por las noches la sentía
patente, patente, carcajiándose encaramada en el caballete de la casa. ¡Pa’ eso
que esas condenadas se ríen de lo más maluco! Unas carcajadas chillonas...
—¿Pero no se le entró a la casa?
—¿Qué no? ¿Una noche no dispertó con
la bruja encima d’él? ¡Ve!
—¿Y no gritó?
—¡Qué iba a poder gritar si no le
salía la voz! Él sí bregaba, claro, pero no podía. Y encima se le quedó hasta
que le dio la gana d’ise. ¿No ve qui al que se le siente una bruja encima no
puede gritar?
—Onde Toño Martínez también
estuvieron molestando dos.
—¿Dos?
—Sí. Pero esas no dentraban. Se
devolvían pelotas de candela y rodaban falda abajo; cuando ya iban a llegar a
la casa se elevaban y pasaban rumbando por encima del tejao; al otro lao
volvían a caer y seguían pelotiando manga abajo hasta una cañada... y apenas se
oían las risas y el cantido.
—¿Las brujas cantan?
—Como el currucao que cantó ahora.
Los niños, con sus ojazos claros muy abiertos, ya no tienen cara de sueño.
Vuelve a cantar el currucutú y ellos apenas sí mueven sus pupilas hacia la
puerta y se quedan quietecitos, esperando.
Y siguen los mayores:
—A otro que se le sentaron una vez fue a Luis Emilio.
—No digás... ¿A Luis Emilio el de
allí?
—¡Ajá! A ese se le acostó la bruja al
rincón y cogió a piquialo y a abrazalo y al otro día amaneció todo untao de
colorete.
Hay un silencio breve. El mayor de
los niños se atreve a hablar y pregunta:
—Papá: ¿las brujas son el diablo?
—No, m’hijo, el diablo no son. Son mujeres
por ahí que les da por eso.
—¿Y comu’hacen pa’ volar?
—Ah... pues ellas tienen un menjurje
ahí... y cuando van a volar se lo untan en los sobacos, se suben a una tapia o
a una barranquita o s’encaraman a un palo bien alto y dicen: «¡No creo en Dios ni
en Santa María!». Y se tiran, y salen volando...
—¿Pa’ ónde?
—Pis a molestar a la gente.
Uno de los mayores afirma:
—Lo que sí es verdá es que la bruja
deja el cuerpo en la casa. Una vez en una casa tenían una sirvienta que era
bruja y ellos no sabían. Hasta que, una noche, la fueron a llamar pa’ que
prendiera candela porque había un enfermo y necesitaban hacer cualquier bebida.
Fueron al cuarto d’ella y la llamaron y la llamaron hasta que se cansaron; y,
viendo que no contestaba dijeron: ¿Qué le pasará a esta? Dentraron a ver y la
encontraron como muerta. La movían, así, duro, pa’ que dispertara; le echaban
agua en la cara, le quemaron un jarrete con la vela, la rebulleron... y no hubo
dios posible para que volviera en sí.
—¿Como muerta?
—¡Cómo muerta! Y era que era bruja y
andaba en otra parte, molestando. Al otro día, a las seis de la mañana,
volvió... y la echaron.
—Las brujas no tienen más oficio que
molestar a los cristianos —dice la madre.
—Y a las bestias también —asegura un
pequeño—. Las montan por la noche y al otro día amanecen espiadas y con las
colas y las crines llenas de trenzas...
—Verdá es...
La buena mujer suspira y dice:
—Hay que pedile a mi Dios que nos
libre de las brujas porque son muy horribles y es pecao creer en ellas.
—Aquí, como hay niños inocentes,
ellas no dentran.
—Lo mejor pa’ ahuyentarlas es el
cordón de San Agustín.
—Y lo mejor pa’ cogelas es la sal.
Onde haya sal, la bruja se queda. Regar sal en la cama...
—No. Lo mejor es clavar una aguja en
la paré, pero con el ojo enterrao y la punta pa’ juera.
—¿Y por qué al revés?
—Porque sino la bruja se va por el
ojo’e la aguja.
—El güevo también es bueno. Se meten
en la cáscara y se van.
—Pa’ cogelas no es sino trabar las
mangas del pantalón.
—¿Cómo?
—Ah, pis... ¡trabándolas! Mete uno la
mano por una de las mangas, la coge de la punta y jala: el pantalón queda
trabao, una manga pa’llá y otra pa’ acá. Y si la bruja viene, se pone a bregar
a destrabalo y ahí la encuentra uno por la mañana: bregando.
—Lo mejor de todo es poner un arma
cortante: una barbera o un machetico. ¡Ahí sí no arriman, hermano! Ellas le
tienen pero es harto miedo a todo lo que corte.
—¿Miedo? ¡Horrible! Nu hay ni qué
tirales. No es sino amenazalas y ahí mismito salen de güida.
—¿No se acuerdan de la que pasó o
Otálvaro? ¿Que una noche sintió la bruja riéndose al pie d’él?
—¿Entre el cuarto?
—¡Ajá! ¡Claro! Entre el cuarto, al
pie de la cama. Prendió la vela y... nadie. Volvió y se acostó, cuando, a
poquito, otra vez la bruja riéndose... ¿Eh? Esto sí que está como bien raro...
volvió a prender la vela, y nadie. Aguárdese y verá, qu’esta maldita me las
paga. Y cogió a voliar peinilla por todo el cuarto. ¡Dele qu’es fiesta! Y al
otro día apareció una muchacha de por allá con un peinillazo en una pierna.
—¿Era ella?
—¡Ella!
—¿Y quién más iba a ser?
—Y el otro día, en una casa, había
una bruja cebada. Todas las noches iba a molestar. Cuando, un día, estaban
charlando ahí en la salita muy tranquilos y de pronto vieron que entró una
perrita negra y pasó pa’entro. Nadie l’hizo caso. Y cuando ya se fue a salir,
llegó uno y por fregar, le tiró con un palo. Y al otro día amaneció una vecina
renguiando.
—Viéndolo bien, la bruja es fácil de
coger. Pa’l que sepa, claro. El que sí da breguita es el duende.
—¡Avemaría!
—¡Y ese sí hace daños!
—¡Horrible!
—Revuelve el maíz con los frisoles...
—Y amarra la ropa en el techo, en las
vigas...
—Y tira piedra...
—Y l’echa tierra a las ollas del
fogón.
—Y ese es perrito también: a las
muchachas se les mete en la cama, por la noche.
—Cáyese la boca, m’hijo —dice la
madre y con un gesto de las cejas señala a los niños. La charla sigue:
—Pero ya ve... la contra pa’ ese es
muy fácil, muchos no la saben.
—¿La del tiple?
—Sí.
—¿Cómu es?
—Muy sencillo: no es sino sonar un
tiple y ahí mismo sale despedido.
—¿Y por qué será eso?
—Pis porque como el duende es uno de
los ángeles caídos, así que oye sonar un tiple se acuerda de las músicas del
cielo.
—¡Demás!
Sigue un silencio de aprobación a lo
dicho. A todas estas, la velita se ha terminado y agoniza en un charquito de
sebo; sus últimos centellos hacen danzar fantásticamente las sombras en las
paredes. Llueve. De golpe, la madre se levanta y ordena:
—A dormir, pues, muchachos. ¡Y dejen
de estar oyendo cuentos de brujas que esta noche no van a pegar los ojos!
Literatura y tradición
Oral
La literatura oral siempre tuvo un carácter
popular, surgida del pueblo y para el pueblo, se erigía sobre una base festiva
y folclórica.
En ella la improvisación y el canto eran
esenciales; en ocasiones fue utilizada con fines pedagógicos, de ahí que muchos
refranes y baladas desempeñaran esta función en la sociedad.
Componentes socioculturales y
literarios en la literatura oral
La literatura oral se construye a partir de unos
sólidos referentes socioculturales y literarios. Entre los primeros podemos
identificar varios elementos, que desempeñan una importante labor para que
podamos comprender la estructura que rige a las diferentes manifestaciones
orales.
Dentro del entorno sociocultural debemos prestar
especial atención a los siguientes:
·
Autor.
·
Tradición.
·
Oyente.
·
Memoria excepcional.
El autor de la literatura oral quiere expresar la
conciencia del pueblo. Para ello, elige temas que están relacionados con el
entorno de la sociedad del momento: diferencias entre familias, burlas sobre
algún conocido, la figura del jefe o patrono... Para conseguirlo se vale de un
ritmo y una métrica determinados por la misma tradición.
Por otro lado, el oyente no puede ser considerado
como un mero espectador, ya que gracias a su memoria excepcional transmite esta
tradición de generación en generación.
Respecto a las características literarias hay que mencionar varios elementos:
Por ser una literatura que nace de la improvisación, las ideas e imágenes, como recursos cercanos a las figuras del pensamiento, son aprovechadas por el autor gracias al sentido figurado que ofrecen las palabras y a la velocidad que les impone el mismo contexto.
El autor está sujeto a ciertos artificios rítmicos: punto, ritmo, canto, expresión...
La literatura oral se vale de aquellos recursos estilísticos relacionados con el nivel fónico del lenguaje: repetición, onomatopeya, estilización, elipsis...
El autor busca crear distintas sensaciones, bien de musicalidad, bien de evocación de imágenes; con ello busca transmitir sentimientos comparables a los que se perciben a través de la música.
Algunas figuras de la literatura oral: baladas y refranes
Las baladas constituyen uno de las figuras de
la literatura oral. Condicionadas por la situación social de cada
época, podemos diferenciar varios estilos de baladas.
Las baladas se clasifican en cuatro grupos:
·
Siglos XIV - XV.
·
Siglos XVI - XVII.
·
Siglo XVIII.
·
Siglo XIX.
Entre las principales características de las baladas destacan:
- Son una forma más de expresión popular.
- Como poesía, cada poema se compone de dos o tres baladas.
- En lo que respecta al canto, si es posible, se le da una música diferente a cada balada.
- El simbolismo del lugar y del tiempo es importante: las historias que se narran en las baladas siempre tienen un contexto, y además distinguen entre el día y la noche.
En la literatura oral también es importante hablar
de los refranes, que son el reflejo de la sabiduría popular. Éstos constituyen
una forma más de plasmar la personalidad del pueblo.
Los refranes han ido pasando de una generación a
otra mediante la tradición oral, y son tan distintos los temas que tratan como
las personas que, de forma espontánea, los crearon o contaron.
Lírica popular. La lírica popular es un género literario que se caracteriza por los siguientes elementos:
- Los poemas son más cortos y la poesía cobra protagonismo: es un género de gran personalidad poética.
- La lírica popular es una poesía con música; el ritmo, por tanto, también es importante.
- La lírica popular contiene narraciones y diálogos.
- Este género ha mantenido las técnicas y símbolos tradicionales de las coplas medievales.
Narración popular. La música y el ritmo son protagonistas en cualquier
manifestación de la literatura oral: baladas, coplas... Sin embargo, también
existió la narración popular, que, aunque tuvo menor importancia dentro del
género oral, constituyó otra modalidad.
Afortunadamente, se han podido conservar algunas
narraciones populares que atienden a dos tipos básicamente:
·
Narraciones breves: reflejaban acontecimientos del mundo de la época,
por lo que este estilo literario también se daba en otros países. Estas
narraciones distinguían entre temas folclóricos y temas de ocio. En el primer
caso, la investigación del folclore popular ha permitido conocerlas; en el
segundo, los temas de ocio, estaban dirigidas a crear un ambiente de diversión,
en el cual las personas mayores se dedicaban a contar sus batallas a unos
jóvenes ansiosos por escucharlos. Estas historias iban de boca en boca y
gracias a ello se mantuvieron durante mucho tiempo.
·
Narraciones largas: en estas narraciones el estilo oral cobra mayor
importancia. En general, contaban vivencias del propio narrador. Se diferencian
tres tipos de narraciones largas: novela, biografía y tradición. Lamentablemente,
en ningún caso se les ha dado la importancia que tienen como forma de
transmisión de la tradición oral.
Cuentos populares.
En la literatura oral cualquier narración popular
era un cuento, donde los personajes, lugares y tiempo eran indeterminados.
Por esta razón, se realizó una clasificación de
cuentos populares atendiendo al contexto en el que se sitúan y al contenido que
tratan.
- Contextos: junto a la chimenea, alrededor de la mesa, en una posada u hostal...
- Según el contenido: pagano, sueño, ilusión, divertimento...
En general, todos los cuentos tenían la
misma estructura:
- El principio y el final están predeterminados.
- No hay detalles concretos en las descripciones.
- En su mayoría, los relatos están basados en las
creencias de la época.
- El mundo que se describe en estas narraciones se
resume en ricachones, malhechores y el pueblo humilde.
- Los reyes y reinas son respetados, en cambio, las brujas son duramente maldecidas.
- El destino está por encima de todo, es decir, a menudo se repiten frases como "no parece que nuestro pueblo vaya a encontrar un camino mejor para poder seguir adelante".
Estos cuentos tienen un gran valor histórico y antropológico, pues han servido de ayuda para analizar las costumbres de la época.
En lo que respecta a la literatura, gracias a ellos
se han fijado los caminos para crear la estructura de la narración breve.
https://www.hiru.eus/es/literatura-vasca/literatura-y-tradicion-oral
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